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Respuesta emocional de los hijos ante la separación

Los estudios realizados con distintos grupos de edad indican una serie de reacciones emocionales comunes en niños de igual edad. La edad es un factor muy importante para anticipar la respuesta de los niños ante la separación, ya que ésta marca diferencias en habilidades cognitivas para elaborar un juicio de lo que es conveniente para sus vidas, influyendo en la manera de responder emocionalmente ante este acontecimiento. Sin embargo, la edad no es el único factor a tener en cuenta, sino es combinado con el sexo, número de hermanos, relación con la pareja (en cuanto a calidad y duración), relación familiar, edad de los padres, decisión conjunta o no de éstos, sexo del padre que rompe, etc. Además de estos factores, y aunque el momento evolutivo del niño no modela el tipo de respuesta a la rupura, la conducta interpersonal de los padres, y el mantenimietno de un contacto adecuado de l niño con ambos padres después del divorcio, determina la intensidad y duración de tal respuesta.

  • Durante los primeros años es importante mantener el contacto con el “primer cuidador”, es decir, si la madre lo ha cuidado hasta el momento y sigue haciéndolo no hay mucho problema excepto el de que en la relación madre-hijo ésta transmita sus preocupaciones y nerviosismos al bebé mediante una preocupación excesiva por el mismo o una gran despreocupación, lo que genera, en ambos casos un bebé irritable y tenso. Lo recomendable en estos dos primeros años es la continuidad, la constancia de los rostros familiares, así como un ambiente acogedor. Es un período idóneo para que el niño asuma la nueva realidad de sus padres, y los incorpore por separado en su vida. Sin embargo, las madres temen dejar a los niños pequeños al cuidado de los padres, basándose en la inexperiencia de éstos y en la creencia de que lo mejor para ellos es estar con ellas.
  • La edad preescolar es un período crítico para el desarrollo infantil. El egocentrismo propio de este momento, y la aparición de un sentimiento moral de bueno y malo, hacen que estos niños se puedan culpar de todo aquello que marcha mal, incluso la ruptura de sus padres. Los problemas más usuales en este período son aleraciones del sueño, de la alimentación, pérdida de hábitos ya adquiridos, etc. Estas alteraciones se corrigen con facilidad si los padres realizan su separación de forma adecuada, es decir, les plantean su decisión de separarse de manera conjunta, responsabilizándose ambos de esta decisión, de forma que los menores se encuentren libres de este peso y al mismo tiempo reciban la seguridad de que ambos padres seguirán ocupándose de ellos. Se recomienda a los padres que tienen hijos de estas edades que expliquen con términos claros y comprensibles la decisión de separarse, evitando los términos legales al uso y describiendo lo que va a ser la vida de los hijos con ellos dos por separado, insistiendo en la participación de ambos en el cuidado y atención, así como en un compromiso común para regular cuanto antes los hábitos de vida de los menores. 
  • El período de los 6 a 8 años es un período tranquilo, donde todo el esfuerzo está orientado hacia el aprendizaje, en un movimiento para independizarse de sus familias y en la formación de la identidad y concepto de sí mismo. Estos niños de edad escolar no se rebelan contra sus padres, y comienzan a ser capaces de razonar. El divorcio lo sienten, ya que aunque los amigos son muy importantes, los padres continúan siendo el núcleo de su vida. Pueden interpretar la ruptura como el colapso de todo su medio protector ambiental, siendo sus respuestas características del miedo, un sentimiento de inseguridad y una gran tristeza. La necesidad de estar con ambos padres es tan profunda que muchos niños de esta edad son capaces de cualquier cosa para mantenerse en contacto con el que se ha marchado del hogar, si el que vive con él le hace difícil el contacto con el otro, planteándose un conflicto con este padre. Estos sentimientos se manifiestan con problemas escolares, llantos continuos y magnificación de los hechos, que le conducen a un proceso de fabulación desproporcionada. Para prevenir este tipo de respuestas, los padres deben prepararlos en la separación, no retrasando la información sobre la misma, mostrándoles apoyo en las tareas escolares y en el terreno emocional, de forma que el ejercicio conjunto de sus tareas parentales les garantice una vida regular,  y una imagen positiva de ambos padres.
  • En la etapa de los 9 a 12 años, los niños ya tienen un desarrollo cognitivo mayor, y pueden ver la separación de sus padres como un hecho fuera de su control, como un problema de sus padres y no de ellos; pero al mismo tiempo tienen un sentido más estricto de lo que está bien y está mal, mostrándose irritados con madre o padre que infringe las reglas. Expresan irritación con el padre custodio, culpándolo de la marcha del otro, y a la vez plantea la convivencia difícil con el no custodio, que a su vez reacciona distanciándose más, con lo que se incrementa la irritación del hijo. Este tipo de problemas pueden evitarse, o reducir su duración, si los padres mantienen un sistema educativo conjunto, la relación con el hijo es continuada y si ejercen activamente la coparentalidad. La respuesta del padre/madre custodio a la negativa de los menores de ir con el otro padre/madre puede ayudar a dificultar tal acción. Cuando los hijos se muestran reacios a estar con el otro progenitor, la interpretación de esta conducta no hay que buscarla, generalmente, en una inhabilidad del padre no custodio, sino en cómo los sentimientos del custodio influyen en la opinión del menor. Otras respuestas emocionales típicas de este período es la dificultad para expresar sus sentimientos, y un cierto desconcierto ante la ruptura, siendo aconsejable el que los padres les den muestras de respeto hacia el otro padres, propiciando la expresión emocional.
  • El período adolescente (de 13 a 18 años) está presidido por sentimientos ambivalentes de suficiencia y dependencia. El grupo de iguales es muy importante, por lo que luchará por su autonomía, diferenciándose de los estándares paternos para adecuarse al grupo, pero necesitando aún el apoyo emocional de los padres y reglas conjuntas de actuación. La conducta contradictoria de estos jóvenes provoca un sentimiento de incertidumbre en los padres acerca de cómo actuar con los hijos respecto a la separación. Unos no les dan información porque temen su juicio, por lo que los hijos sienten que no confían con ellos y se resieten de esa falta de información. Otros, convierten al hijo adolescente en su confidente, imponiéndole una responsabilidad que no le corresponde y asumiendo el rol de padre o madre de la familia. La adolescencia es una etapa complicada, pero también cuenta con un mayor desarrollo cognitivo, por lo que los jóvenes están en mejor disposición de afrontar esta situación, si los padres realizan una separación adecuada y les presentan la ruptura como una solución razonable a sus problemas que no va a impedir el que ellos sigan contando con ambos padres.

 

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